miércoles, 30 de julio de 2014

PESO EN EL EMBARAZO: NO COMO ALPISTE

Desde los 12 años he estado por debajo del peso que se considera ideal para una mujer de mi estatura y edad. Por ello he tenido que pasar por sospechas de malnutrición, por presuposiciones de que era una fan de las dietas y estaba obsesionada, de que era una persona con fijación por no subir de peso y otras muchas cosas. Hasta que, señores, me quedé embarazada.
En ese momento todo el mundo empezó a decirme que me desfiguraría, que al fin iba a “tener carne”, que ya sí que me iba a tener que acostumbrar a estar a dieta porque las madres quedaban “con kilos de más” y más historias que tenían como objeto hacer que tuviera cuidado con el peso que cogía. De hecho, cuando llevaba 11 kilos se aconsejó a mi pareja que me “cambiara el alpiste” en un acto de infantilización y falta de respeto absoluto hacia mi persona. Y, la verdad, lo ignoré por completo porque llevaba una dieta adecuada y tampoco me asustaron porque no me asustaba cambiar… estaba ocupada haciendo justamente eso: cambiar. Convertirme en madre día a día.

La realidad es que en muchas ocasiones el control de peso de la mujer embarazada es fruto de ansiedad y de preocupación, en ocasiones de forma desmedida y con una excesiva estandarización. Así nos encontramos a mujeres que llegan al séptimo mes de embarazo habiendo “engordado” 10 kilos y son sometidas a dieta o amenazadas con la pérdida de su persona tras el parto si no lo hacen. Todo ello sin entrar a preguntarse siquiera si esta mujer sigue una dieta saludable o no. Y si ella se siente bien como está o no.

La ganancia de peso de una mujer puede oscilar fácilmente entre los 8 y los 16 kilos a lo largo de todo el
embarazo sin que por ello haya que intervenir para ponerla a dieta, salvo que exista alguna patología diagnosticada por un profesional de la salud. Y ejercer este tipo de presión con el sometimiento de una madre embarazada al juicio permanente de la báscula no favorece en absoluto la vivencia positiva de la maternidad, sino que la convierte en una preocupación constante. Y que traslada esta preocupación a su entorno a quien se insta en muchas ocasiones a que la vigilen, y desde donde se la presiona para que se “controle” y no “engorde demasiado”.
Todos sabemos que cada cuerpo es diferente pero es que, además, en el embarazo no estamos tratando con un cuerpo en estado normal, sino en gestación. Cambiante, en constante adaptación, en continuado reajuste hormonal y que, adicionalmente, está plenamente vinculado a otro pequeño cuerpo en cambio permanente desarrollo y crecimiento. Y conectados ambos a través de un órgano que “negocia” entre ambos. Es decir, estamos frente a muchos factores que pueden variar de una mujer embarazada a otra convirtiendo la estandarización “tarifa plana” en algo contraproducente.

Una mujer sana, con un bebé sano y una dieta razonablemente equilibrada engordará aquello que ambos necesiten… Esa mujer no necesita presiones para mantenerse en un peso “ideal”, no necesita “videntes” que le digan si quedará “gorda” o “delgada” según el criterio de quien lo juzga. Necesita poder disfrutar de su embarazo, que si la aconsejan sea desde el conocimiento de las necesidades nutricionales de su cuerpo y su maternidad, necesita poder sentirse bien, vivir su embarazo y decidir por sí misma si, dentro de la salud, se permite o no coger algún kilo más.


Por cierto… por si os lo preguntáis, cogí 18 kilos en todo el embarazo, no me cambiaron el alpiste y 6 meses más tarde me volvían a llamar desnutrida porque ninguno de esos kilos se quedó conmigo pese a no hacer más que criar a mi hija y vivir mi maternidad. 



Bea Fernández
Madre que no come alpiste, 
Doula y Educadora Infantil.
serdoulasmadrid@gmail.com

Imagen tomada de: www.pregnacyweekbyweek.co.za

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